El camino de madera flotante sobre la arena blanca crujía suavemente con el compás de la brisa marina. Los invitados —la nueva junta directiva de Aurelia, los magistrados que habían ayudado a sanear la provincia y los amigos más cercanos que sobrevivieron a la transición— guardaban un silencio reverencial. Los violines y el violonchelo interpretaban una melodía suave que se fundía de manera perfecta con el batir de las olas.
Emilio esperaba al final del altar, justo donde el muelle se adentra