El sedante ligero comenzó a surtir efecto, relajando los músculos tensos de Esmeralda, pero su mente seguía funcionando a la velocidad de una máquina perfecta. La calidez en su vientre se acentuó, como si el pequeño latido en su interior agradeciera la tregua física que su madre finalmente le estaba concediendo. Sin embargo, en Aurelia, las treguas corporativas duraban lo que un suspiro.
Las puertas de la oficina se abrieron sin previo aviso. Ricardo, que había salido unos minutos antes para