Las puertas de la ambulancia se abrieron violentamente al llegar al Hospital San Lucas.
—¡Paciente masculino, herida de bala en el costado izquierdo! ¡Paro cardíaco recuperado! ¡Necesitamos quirófano ahora!
Los médicos comenzaron a correr por los pasillos iluminados mientras la camilla de Emilio avanzaba a toda velocidad.
Pero Esmeralda no soltaba su mano.
Ni siquiera cuando las enfermeras intentaron apartarla.
—Señorita, debe dejarnos trabajar…
—¡No! —lloró ella caminando junto a la camilla—.