El pitido continuo atravesó el alma de Esmeralda.
No.
No podía ser real.
El mundo entero se volvió borroso.
La ambulancia.
Las luces rojas.
Los paramédicos moviéndose desesperadamente alrededor de Emilio.
Todo desapareció bajo el sonido aterrador de aquella línea recta.
—¡¡NO, EMILIO!! —gritó ella con una desesperación salvaje, aferrándose a él—. ¡NO ME DEJES! ¡POR FAVOR!
Uno de los médicos la apartó apenas.
—¡Necesitamos espacio!
—¡Carga lista!
—¡Despejen!
Esmeralda quedó paralizada viendo cóm