Las puertas de la ambulancia se cerraron violentamente.
El sonido metálico resonó en el pecho de Esmeralda como una sentencia.
—¡Presión arterial bajando!
—¡Preparen transfusión inmediata!
—¡La bala atravesó el costado izquierdo!
Las voces de los paramédicos se mezclaban con el ulular ensordecedor de la sirena mientras la ambulancia avanzaba a toda velocidad por las calles de Aurelia.
Pero Esmeralda apenas podía escuchar.
Porque toda su atención estaba fija en Emilio.
En su Emilio.
El hombre qu