El gran salón de la mansión Villarreal estaba completamente lleno.
La élite de Aurelia ocupaba cada rincón del recinto bajo una tensión sofocante. Empresarios multimillonarios, políticos corruptos, socios internacionales y familias rivales murmuraban entre sí mientras observaban el ataúd de Don Maximiliano Villarreal en el centro de la sala.
Pero el verdadero tema no era el funeral.
Era Esmeralda.
Todos esperaban verla quebrarse.
Humillarse.
Perder el control.
Porque la ciudad entera ya había l