La lluvia golpeaba con fuerza los enormes ventanales del Hospital San Lucas, envolviendo la madrugada en una oscuridad sofocante. El pasillo frente a la UCI permanecía en silencio absoluto, pero bajo aquella calma aparente se estaba gestando una tormenta capaz de destruir a media Aurelia.
Esmeralda permanecía de pie, inmóvil, observando las luces de la ciudad a lo lejos. Su reflejo en el cristal ya no parecía el de la joven insegura que había llegado semanas atrás al Consorcio Villarreal buscan