~NICOLO~
Moscú de noche tenía un modo particular de pudrirse.
Las luces de la ciudad seguían brillando; los restaurantes seguían llenándose; los hombres seguían gastando dinero, follando y bebiendo como si el mundo fuera eterno. Pero debajo de toda esa mierda elegante, la ciudad olía a orina, mierda y sangre putrefacta.
Y esa noche no era diferente.
Desde el asiento del copiloto observé el sedán negro de Sergei Ivanov estacionarse frente al prostíbulo por segunda vez en menos de cuarenta y ocho