Mundo ficciónIniciar sesiónLas madres no están hechas para decir adiós. Pero a veces es el único acto de amor que queda.
Thalassa esperaba con la paciencia de quien había presenciado el nacimiento y muerte de civilizaciones enteras. Su forma humana se mantenía inmóvil como una estatua de mármol, pero sus ojos dorados seguían cada movimiento de la pequeña familia que se despedía en el patio devastado del palacio. El viento matutino agitaba su c







