Camila tocó el timbre del penthouse a las dos de la tarde de un jueves, exactamente una hora después de que Camilo saliera hacia Lincoln Enterprises. No era casualidad. Camila no hacía nada por casualidad.
Valentina abrió la puerta con una taza de café en la mano y la cara de alguien que no esperaba visitas.
---Camila.
---Valentina. ¿Puedo pasar?
No era una pregunta. Camila ya estaba cruzando el umbral antes de que Valentina pudiera responder, con ese paso suyo de mujer que entra a los lugares