CAPÍTULO 32

La tormenta se fue como llegó: sin avisar.

Valentina se despertó en el sofá del salón con el sol entrándole por los ventanales y el silencio de un mundo que había dejado de gritar. Afuera, el cielo estaba limpio, azul, obscenamente perfecto, como si las últimas cuarenta y ocho horas de viento y lluvia no hubieran existido.

Camilo ya no estaba en el otro sofá. La manta doblada, la almohada en su sitio. Ol&iacut

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