Camilo estacionó frente al Café Tremont con el estómago hecho un nudo y la llamada de Isabella todavía resonándole en la cabeza.
Tengo algo que mañana puede ser portada de tres revistas.
Apagó el motor. Se quedó un momento mirando a través del cristal del café. Isabella estaba sentada junto a la ventana, con las piernas cruzadas, un capuchino entre las manos y la sonrisa de una mujer que cree tener el mundo agarrado por las pelotas.
Camilo respiró hondo y se bajó del coche.
---Llegaste rápido -