CAPÍTULO 23

Camila llegó a su casa a las tres de la mañana con el maquillaje corrido y los ojos vacíos.

La casa estaba a oscuras. Richard no estaba. Los niños no estaban. Nadie estaba. El silencio era tan absoluto que le zumbaban los oídos.

Se quedó parada en la entrada con las llaves en la mano, mirando la sala donde hacía seis días se había montado encima de Richard en el sofá creyendo que eso iba a arregl

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