Mundo de ficçãoIniciar sessãoCamilo seguía en el sofá cuando empezó a llover.
Llevaba dos horas ahí sin moverse, con la botella de whisky sobre la mesita de centro y el tercer vaso en la mano. El teléfono boca abajo al lado de la botella. Había dejado de marcar el número de Camila a las once de la noche.
Afuera, la lluvia de octubre llegó sin avisar. Primero unas gotas contra el ventanal. Después un golpe sólido, continuo, de esos que en







