C188-ESTARÉ AQUI PARA CUANDO DESPIERTES.
El cielo de París aún estaba cubierto de nubes grises cuando el Mercedes negro se estacionó frente al hospital. Eros bajó sin esperar que le abrieran la puerta. Vestía traje oscuro, el mismo con el que horas antes había cerrado un acuerdo sangriento al sur de la ciudad. La lluvia había limpiado sus zapatos, pero no el rastro de lo que había hecho.
—Jefe, la señora y las niñas están bien —dijo uno de sus hombres al paso.
Eros asintió sin detenerse. Subió