Alex
Imaginé que esta reunión tomaría mil caminos diferentes. Cada vez había una introducción diferente, un entorno distinto. Pero nunca —y quiero decir nunca— imaginé el saludo que escuché de la voz profunda y provocadora de Alex.
—Buenas noches, Cristina. —Inhaló su nombre, permitiéndole entrar en su boca con tan delicada intención.
Lo odiaba.
Me puso muy enferma.
Y por mucho que despreciara el dolor que me causaba, la incomodidad que me causaba no era nada comparada con cómo respondía Cristi