—Sí, para ti quizás, pero para mí es el señor Alex Aguilar.
—¿Cómo ha estado?— pregunté con curiosidad, considerando que nuestra comunicación era tan frecuente como la mía y la de Alex.
Pensé que estaba ocupado. Captarlo entre sesiones ha sido casi imposible. Sobre todo estando tan lejos de casa.
—¿Hogar?—
—Los Ángeles—, suspiró como si lo extrañara.
Fue solo otro recordatorio de que la estancia de Gabriel era temporal. Intenté disimular el bajón en mi cara.
—¡Claro! —Fingí alegría, aguantando