El avión privado de Renzo aterriza sin problemas en aeropuerto de Miami. Y, después de pasar por control de seguridad, lo único que quiero es dormir.
Estoy agotada y algo groggy por el jet lag me está afectando.
El chófer de Renzo nos espera y junto a Lorenzo suben las maletas. El hombre tiene una sonrisa en su rostro.
—Es bueno tenerlo en casa, Señor —Dice el hombre antes de mirarme, y aclararse la garganta.
—Señora.
Asiento, y evitó resoplar.
—¿Cómo está todo? —interviene Renzo para quitar l