No sé, por cuánto tiempo he dormido.
Tampoco sé que me ha despertado, pero me siento mucho mejor.
Una mano acaricia mi entrepierna, y un suspiro de placer se filtra entre mis labios.
Me arqueó, al tiempo que echo mi trasero hacia atrás, y siento la dureza contra mis nalgas.
Los dedos trabajan en mi calor con más precisión, y me abandono al placer que los mismos, me están proporcionando.
Abro los ojos y no veo nada.
Luego, todo me golpea.
La llegada a Miami.
Quedarme en la casa de Renzo.