Capítulo Veintisiete

No sé, por cuánto tiempo he dormido.

Tampoco sé que me ha despertado, pero me siento mucho mejor.

Una mano acaricia mi entrepierna, y un suspiro de placer se filtra entre mis labios.

Me arqueó, al tiempo que echo mi trasero hacia atrás, y siento la dureza contra mis nalgas.

Los dedos trabajan en mi calor con más precisión, y me abandono al placer que los mismos, me están proporcionando.

Abro los ojos y no veo nada.

Luego, todo me golpea.

La llegada a Miami.

Quedarme en la casa de Renzo.
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