Es más de medianoche cuando entramos al ático.
Renzo me tira contra su cuerpo y me besa.
Sus manos se plantan en mi trasero.
—Necesito tenerte ya.
—Idem —susurro pegada a su boca.
Llegamos al salón y cuando creo que vamos a subir las escaleras.
Me lleva hasta el sofá del mismo.
—¿Qué haces? —rio en voz baja y algo mareada.
Nuestra ropa está húmeda y estamos hechos un desastre.
—Abre las piernas—ordena cayendo de rodillas.
Lo hago, y sus manos suben por mis piernas.
Sus dedos llegar a mi clítori