120. Las condiciones de una noche oscura
Bianca sintió que la sangre se le helaba al instante. Se aferró a la camisa de Daniel con todas sus fuerzas. Su corazón latía desbocadamente en su pecho. Miró el rostro de su marido, presa del pánico. Daniel se quedó petrificado durante unos segundos al escuchar las palabras de Leon. La mandíbula del hombre se tensó hasta el punto de que los músculos de sus sienes palpitaban con fuerza.
—Kenzo —ordenó Daniel con una voz sumamente grave—. Saca esta basura de mi vista. Rómpele las dos piernas si