109. La llegada de la matriarca
El aire en la sala de mando subterránea se volvió aún más gélido. Bianca miraba la pantalla parpadeante conteniendo la respiración. Aquella amenaza del espacio exterior era demasiado grande para que su mente pudiera procesarla. Por instinto, rodeó su vientre plano con los brazos.
Daniel se percató del sutil gesto de su esposa. Apretó la mandíbula y pulsó un botón rojo en la mesa de control. La gigantesca pantalla del monitor frente a ellos se apagó al instante. El silencio volvió a reinar en la