Subiendo las escaleras, Diego se masajeó la comisura derecha del labio, estaba sangrando, le sangraba la nariz, los labios y la mejilla derecha. Todavía le costaba pensar en lo que había descubierto. No había manera de que pudiera soportar eso. Arrepentimiento y remordimiento. Eso era todo lo que sentía su corazón.
Cuando Diego estaba en el segundo piso de aquella gran casa, caminando por el pasillo, se topó con alguien. Entre todas las personas que podía haber visto aquel día, tenía que ser e