Con los ojos aún cerrados, Cameron oyó la risita de Diego. Lentamente, abrió los ojos justo para encontrar a Diego separando sus labios de los de ella entre una risa burlona.
Por un instante, Cameron se sintió estúpida.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Cameron.
—Pase lo que pase, no cambiarás. Pase lo que pase seguirás siendo una maldita bailarina de mesa.
Esas palabras golpearon fuertemente a Cameron.
—¿Qué?
—Una prostituta soñando con besar príncipes.
Diego nunca iba a cambiar. Ni en sus mejo