—¿Cómo te sientes? —le preguntó Ace a Cameron, dándole una taza de té.
Ella le sonrió. —Estoy bien.
—Bueno, lo menos que quiero es ser duro contigo. Cameron, puedes quedarte con la cama. Yo dormiré en el sofá.
—No, no es necesario.
—¡Oh! ¿Quieres dormir conmigo? —dijo Ace con un tono juguetón en la voz.
Cameron se limitó a mirarle. Ella no quería seguir su juego. Tenía tantas cosas en la cabeza que lo menos que quería era lidiar con el juego de algún Ace famoso. Sabía que, mejor que nadie, a Ac