Conduciendo por las calles, sólo los postes de la luz iluminando la ciudad y el silencio haciendo más ruido que sus pensamientos, Diego intentó pensar con claridad. ¿Dónde podrían estar? Diego ya había visitado unos cuatro o cinco restaurantes y no había señal de ellos.
Golpeando el volante, un par de restaurantes vinieron a su mente. A Ace le encantaban esos restaurantes y había ido miles de veces con otras miles de chicas. Ace tenía que estar allí con Cameron. Y Cameron no era como ninguna ot