La imagen del joven en la pantalla no parpadeaba. No mostraba la interferencia estática habitual de las transmisiones encriptadas de emergencia. Era perfectamente nítida, perfectamente estable, como si quien la enviaba tuviera acceso a una infraestructura de comunicaciones que debería haber sido destruida meses atrás.
—Adrián murió —dijo Gabriel desde el umbral, su voz completamente plana—. Lo vimos. El bombardeo orbital confirmó la eliminación.
—Confirmó la eliminación de doscientas cuarenta y