El sol se filtraba a través de las cortinas opacas de la suite del Hotel Regency, pero Tamara no lo había notado. Había perdido la noción del tiempo desde que había llegado cuarenta y ocho horas antes, huyendo de las ruinas de su vida como si pudiera dejar atrás el dolor junto con su apellido prestado.
La suite era impecable: paredes color marfil, muebles de diseño, una cama king size que no había tocado más que para sentarse en el borde mientras miraba fijamente a la nada. Su teléfono había vi