Chen no había dormido en treinta y seis horas. Sus ojos estaban rojos, los dedos volando sobre el teclado con precisión maníaca, pantallas múltiples mostrando cascadas de datos que la mayoría no podría comprender.
Pero él comprendía.
Y lo que estaba viendo lo horrorizaba.
—Necesitan ver esto —dijo finalmente, con la voz ronca—. Ahora. Todos.
El equipo se reunió alrededor de su estación: Tamara, Damián, Valentina, Gabriel, Konstantin, Ethan. Catalina Voss había llegado esa mañana, sin invitación