Capítulo 49. La curiosidad del patriarca.
El sonido de los seis dígitos marcados en el panel de seguridad, Bip-bip-bip-bip-bip-bip, fue el sonido más dulce que Silas Hawk había escuchado en todo el día.
Eran las siete de la tarde. El sol ya se había puesto sobre Nueva York, convirtiendo los ventanales del piso cincuenta en espejos negros que reflejaban el interior del penthouse iluminado.
La puerta de acero se deslizó con un susurro hidráulico y Eris O'Neil entró.
No llevaba ropa de diseñador, ni tacones asesinos. Llevaba unos vaqueros