Capítulo 30. Mi madre no toma prisionero.
El tiempo en el penthouse parecía fluir a un ritmo diferente, lento y perezoso, como la lluvia que seguía repiqueteando contra los ventanales de doble altura.
Silas se levantó primero, a regañadientes, dejando el calor del cuerpo de Eris para enfrentarse al aire acondicionado del apartamento. Se puso unos pantalones de pijama de seda gris que colgaban bajos en sus caderas, dejando su torso desnudo y marcado por el recuerdo de las manos de ella.
Caminó hacia el vestidor inmenso, ordenado cromáti