Capítulo 29. Perfecto desorden.
Silas la giró para que quedaran frente a frente bajo el torrente de agua caliente. El vapor había convertido la cabina de cristal en un mundo aparte, aislado de la tormenta exterior, de los abogados y de las expectativas familiares.
Le apartó el pelo mojado de la cara con una delicadeza que contradecía la fuerza de sus manos.
Acunó el rostro de Eris entre sus palmas grandes y la miró como si ella fuera la única fuente de luz en ese apartamento oscuro.
—Gracias —dijo él, serio, con el agua resb