Capítulo 20. Un refugio peligroso.
La lluvia corría por su rostro como si el cielo llorara por ella. No tenía paraguas, no tenía dinero, no tenía a dónde ir.
Pero tenía la verdad. Una verdad tan grande que le ardía en el pecho.
Al escuchar la propuesta del hombre frente a ella, Lyanna dio un paso atrás. Estaba cansada, empapada, con frío… pero no era estúpida.
—No, gracias —respondió, abrazándose los brazos—. Estoy bien así.
El hombre no se ofendió. Su mirada seguía fija en ella, como quien analiza una pieza valiosa.
—No parece