Parecía bajo las órdenes de Christopher fue sacada de la Empresa, Christopher ya no quería tenerla cerca y la mujer enfurecida empieza a dar vueltas en el carro hasta que en las cercanías de un parque alguien muy familiar entra en su campo de visión.
El aire fresco del parque no bastaba para calmar el torbellino de pensamientos en la mente de Eda. Su pecho dolía, su garganta ardía por la necesidad de llorar, pero se mordía el labio con fuerza, obligándose a contener las lágrimas.
No podía darse