El silencio en la habitación del sanatorio quedó como un alivio después de que Christopher salió, aunque la presencia de Lucero aseguraba que ese silencio no duraría mucho. La amiga de Eda la miraba con los brazos cruzados y una sonrisa traviesa en los labios, una que Eda conocía demasiado bien.
—Bueno, bueno, ¿me vas a explicar qué fue todo eso? —preguntó Lucero, arqueando una ceja mientras se sentaba al borde de la camilla de Eda.
—¿Todo eso qué? —Eda fingió indiferencia, aunque el calor toda