Christopher tenía las manos firmemente sujetas al volante, aunque sus nudillos estaban blancos por la presión. La camioneta negra avanzaba como una sombra furiosa por las avenidas de la ciudad, zigzagueando entre el tráfico y devorando la distancia que lo separaba de la Clínica Sosa Bugatti. Cada semáforo en rojo que cruzaba arrancaba un claxon o un grito de protesta, pero nada de eso importaba, entonces había llegado hasta el Sanatorio, no obstante su mirada había cambiado drasticamente, el Ch