La Villa permanecía sumida en un silencio inquietante cuando Gabriel Trovatto atravesó las puertas principales.
Las luces del atardecer teñían los ventanales de tonos anaranjados y rojizos, creando una atmósfera extrañamente sombría. Los empleados apenas se atrevieron a mirarlo mientras avanzaba por el recibidor. Había algo en él que resultaba perturbador.
Algo oscuro.
Algo que parecía haberse liberado por completo.
Por primera vez en muchos años, Gabriel sentía que el peso que había cargado so