William no había dormido. Eso era evidente desde que Nahla abrió los ojos y lo encontró sentado en el borde de la cama, con la ropa del día anterior todavía puesta y la mirada clavada en la pared como si esperara que las respuestas aparecieran dibujadas ahí. No se había movido en horas.
Llevaba toda la noche cargando una noticia que cambiaba cada cosa que creía saber sobre su propio pasado, y el peso de eso se le notaba hasta en la forma en que respiraba: despacio, controlado, como quien teme qu