La puerta se abrió con una lentitud desesperante, chirriando como un aviso de que lo que estaba por venir cambiaría el tablero de juego para siempre. Nahla sintió un vuelco en el estómago, pero se obligó a mantener la espalda recta, aunque los pulmones le quemaran por la falta de oxígeno.
La mujer que apareció frente a ella no era un monstruo, ni una aparición celestial; era de estatura media, con el cabello oscuro recogido en un moño que parecía sostener los restos de su cordura. Sin embargo, l