Creí haber tocado fondo muchas veces en mi vida. Balas rozando la sien, traiciones que me dejaron desangrándome en callejones oscuros, la muerte de mi propia sangre cuando aún era un niño… pensé que nada podía ser peor que eso.
Me equivoqué. Nada, absolutamente nada, se compara con ver a la mujer que amo reducida a un cuerpo inerte, conectada a máquinas que respiran por ella, que bombean sangre por sus venas cuando su corazón ya no puede solo. Ángela yacía en esa cama de hospital improvisado, p