POV ÁNGELA
Habían pasado varios días desde que mi padre pudría en esa habitación oscura, y no quería saber nada de él. No era miedo, joder, no. Era algo peor: necesitaba estar preparada, porque si entraba con la rabia cruda y descontrolada, me rompería yo misma. Solo pensar en su voz ronca ordenándome arrodillarme, en sus manos callosas golpeándome hasta que la sangre me sabía a hierro en la boca, hacía que algo negro y viscoso brotara en mis entrañas. Había soñado con este momento durante años