Don Leonardo despertó con el pendiente de la llamada que Emiliano iba a efectuarle a Elizabeth, se arregló rápidamente y fue al encuentro de su hijo, quien estaba en uno de los bancos del jardín perdido en sus pensamientos, de tal manera que no se percató de su presencia hasta tenerlo al lado.
Al mirarlo a los ojos, preguntó:
–Hijo, ¿lloraste?, ¿no resultó como esperabas?
–Todo lo contrario, papá, mi esposa y mi hija estarán aquí en dos días.
–Entonces, ¿por