En la clínica el hombre a quien Elizabeth impresionó, salió del consultorio de su hermano y se fue a su oficina, trató de concentrarse en sus pendientes, pero una imagen aparecía cada tanto en su mente, “lo siento hermano, no podré esperar un mes” –dijo en voz alta y seguidamente levantó su teléfono para llamar a su secretaria.
En media hora ya tenía nombre y lugar de trabajo de la mujer que quería conocer a cualquier costo, de momento comenzaría con un acto pacífico y del cual esperaba que le