Dalila Weber se quedó en silencio.
¡Qué afirmación tan atrevida!
Su marido era verdaderamente rico.
—Además…— El chófer sacó una Tarjeta Negra de su bolso y se la entregó. —El joven jefe quería que le diera esto. Es la tarjeta subsidiaria del joven jefe; puede usarla como quiera.—
—¿Para mí?— Dalila Weber miró la tarjeta un momento, aún conmocionada por la sorpresa. —No importa, no la necesito—.
Ella nunca tuvo la costumbre de gastar el dinero de un hombre.
Este hombre era su marido de nombre