El lujoso Rolls-Royce aparcado junto al dormitorio como un espejismo, atrayendo mucha atención.
Dalila y los demás bajaron las escaleras.
El conductor hizo una profunda reverencia y la saludó respetuosamente. —Señorita —.
Dalila exhaló un suspiro de alivio.
Ella tenía miedo de que el conductor la llamara —señora—.
Parecía que Albert Kholl ya le había informado de antemano.
El conductor se giró tras saludarla y saludó a Kamila y a las demás con un gesto de la cabeza. —Señoritas, buenas noches.