Brasil
La habitación estaba en silencio. Emily dormía profundamente, acurrucada contra el pecho de Isabel Hill. Su respiración era suave, regular, y su pequeña mano descansaba sobre la blusa de su abuela como si ese contacto fuera suficiente para mantenerla a salvo del mundo.
Isabel no dormía.
Tenía los ojos abiertos, mirando el techo. A su lado, Ana permanecía sentada en una butaca cercana, con un termo de café entre las manos y la mirada alerta. No era una mujer nerviosa, pero aquella noche e