Así, sin más, me fue concedido un nuevo comienzo.
Siempre quise lo que tenían Aixa y Alessio.
El destino me lo dio.
Me estaba dando cuenta ahora.
Sonriendo, caminé hacia Aixa y me senté a su lado en el banco del piano. Ella dejó de tocar y me miró. —Hay algo que quieres decirme—, dijo con una mirada cómplice en sus ojos.
—Sí —confesé, mirando las teclas del piano.
Aixa soltó una pequeña risa. —Cuéntame tus secretos, Velbert—.
—Conocí a alguien…—
"Lo sé."
Me puse rígido y levanté la cabeza de go