Cuando llegó el momento de marcharme de la finca, Alessio estaba afuera, junto al auto que me esperaba. Me acerqué a él con cautela. Casi tenía miedo de que me volviera a pegar un tiro.
—¿Qué tan enojado estás? —pregunté, deteniéndome frente a él.
Me miró con frialdad. —Sobreviviré—.
—¿Y Lyov?—
—Él también está vivo.—
Me reí entre dientes ante sus palabras antes de reemplazarla rápidamente por una tos falsa. Alessio me fulminó con la mirada y yo reprimí la risa.
La disputa que creé entre padre