Le apreté la mano. Hubo un largo silencio mientras intentaba ordenar mis pensamientos, trataba de asimilar todo lo que había pasado. Todas las vidas que se habían perdido.
Igor, un amigo que encontré en el infierno.
Clementina, un alma perdida que merecía el cielo y todas las cosas bellas.
Erik, un hermano, el bromista, con una sonrisa diabólica y manos más letales.
Antes no creía en el destino. Los hombres como nosotros teníamos el destino en nuestras manos. La vida y la muerte eran nuestras.