Abrazaba por detrás a la redonda Carlotta en la cama y se quedaron solos, mientras Stefano había ido temprano a la oficina.
Las nalgas rellenas de su mujer se restregaban contra su dura erección matutina, mientras gemidos excitados de ella escapaban de sus labios, y la mano de Fabio había sido tomada por la Duquesa, para llevarla entre sus pétalos hinchados.
— Mmm más Fabio, tócame más – gimió seductora de espaldas a él, pero ya Fabio podía imaginarse su rostro.
Se pegó íntimamente a su cuerpo,